Cuarto para las ocho

Y en palabras cortas, se veía agotada, cansada, tambaleando entre lágrimas y sonrisas, quizá la mezcla de sonidos, la luz tan tenue y el vino que le hizo recordar aquella despedida.

Era solo el principio de la velada, faltaba un cuarto para las ocho cuando soltó una lágrima, agotada de contenerse, cansada de sonreír, sin duda la nostalgia entró en sus pensamientos, luego de merodear el lugar, cautivó su mirada y la sedujo lentamente.

Ahí estaba, derramando su corazón totalmente invisible para el mundo, perceptible para él, temeroso de invitarle a dejar la soledad, angustiado de querer besarle aún sabiendo que causaría un evento desastroso.

A cuentos largos, se fueron de ahí, salieron cada quien como entraron, solos, tristes y en cautiverio, quizá esa noche no era la correcta, sin embargo el vino y las canciones fueron como mercenarios hacia sus recuerdos y los abatieron, quizá el próximo cuarto para las ocho sea distinto.

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